Después de interminables carreteras llenas de polvo y baches llegamos a Nanzhila Camp, en el sur de Kafue, donde decidimos pasar nuestra primera noche al aire libre. La zona era genial, un lugar para poner nuestra tienda. Como cuarto de baño, un pequeño vallado de ramas que contenía una taza de váter y como ducha, otro pequeño vallado en el que para ducharte tenías que llenar de agua un cubo y elevarlo mediante una cuerda para después dosificarla con una alcachofa que habían ensartado en su base. Lo que mas me llamó la atención, es que en la mayor austeridad que la sabana africana puede ofrecer, al lado del váter había un rollo de papel higiénico Scotex blanco de doble capa, casi se me saltan las lagrimas….
El lugar era idílico, un estanque frente a nosotros y la posibilidad de dormir completamente solos dentro de un parque nacional. Plantamos nuestra tienda sin el doble techo, así tendríamos la posibilidad de ver las estrellas de la noche africana.
Cuando anocheció hicimos una hoguera, y aunque al ir a recoger leña, lo hacías con la misma tranquilidad que lo harías en el patio de una casa rural en España, de repente caías en la cuenta que estabas en un paraje donde habías entrado a formar parte de la cadena alimenticia, y que allí, cerca de ti, en algún lugar, estaban algunos de los depredadores más peligrosos del mundo.
Madrugamos bastante, habíamos acordado hacer un safari al amanecer y un guía del lodge contiguo nos acompañaría. Desde el principio comenzamos a ver huellas de león, elefante y leopardo, todas frescas, pero a ellos fue imposible verlos. Vimos todo tipo de herbívoros, Ñus, Gacelas, Antílope sable, Antílope de agua, Cudúes, Topis, Impalas y algunos más, aunque todos bastante lejos. Por un lado una pena, gusta verlos más cerca, pero por otro, que los animales tomen distancia significa que no están acostumbrados a la presencia humana y eso me hace sentir mucho más lejos de la civilización, de cualquier tipo de viaje organizado y mucho más dentro de una naturaleza casi inexplorada, pura y no edulcorada.

Cuando finalizamos el safari dejamos al guía en el lodge y continuamos camino hacia Ngoma. El calor nos obligaba a abrir las ventanas, y cuando nos quisimos dar cuenta tuvimos que parar el coche, las moscas tse-tsé nos estaban acribillando. Así que armados con los mapas y con las ventanas cerradas decidimos no dejar un solo insecto vivo.
- Vámonos, coge lo imprescindible y vámonos.
¿Y si nos alcanzaba la noche?, ¿debíamos dormir al refugio de una hoguera o mejor intentar encaramarnos en un árbol? Una avalancha de pensamientos abarrotaba mi imaginación, me sentía en las puertas de una de las aventuras que más había deseado durante toda mi vida, explorar solo, sin guías, a pie, un entorno completamente salvaje.
Comenzamos a andar dirección Ngoma. Por el camino de arena que seguíamos podía ver huellas frescas de elefante y león, por lo que cogí un palo enorme a modo de tranca, consciente de que si venía un elefante, se lo podría ofrecer de mondadientes.

El bosque que atravesábamos se abría y una planicie verde con elefantes, ñus, búfalos y gacelas nos hacía sentir en el corazón de África.

Cuando viajas a África, buscas esa imagen, pero rápidamente te das cuenta de lo difícil que es conseguirla. Poco a poco, vas consiguiendo siempre, alejarte un poquito más de la civilización.
Primero consigues adentrarte en un entorno natural en el que los turistas no van en masa, luego, cuando ya tienes eso, comienza a sobrarte todo, cuando consigues llegar ahí sin guía, ya quieres llegar sin coche, cuando ves esa imagen sin coche ya la quieres lejos del mundo.
Ahí estábamos, con esa impresionante vista ante nosotros y solos, completamente solos. Esto, es lo que he buscado desde mi primer viaje a África y ahora, a pesar de las circunstancias, para mí se estaba cumpliendo un sueño.
Y comenzó a correr.
- QUE SIIIIIIIIIIIII
- QUE NOOOOOOOOOOO, NO CORRAS POR DIOS!!!!!!
Por fin el coche llegó a nosotros:
- Buenos días, les importaría llevarnos, nuestro coche está roto unos 8 Kms. atrás.
- Si claro, subid.

- ¿Y esos?
- Será una turista con un guía.
- Que va, si el guía es blanco.
- ¿Dos turistas? ¿Y como coño han llegado aquí solos??????????
Después también nos confesaron como se habían extrañado de nuestra actitud.
Resultaba muy sencillo encajar con ellos, por lo que las risas, y las aventuras que nos contábamos hacían que congeniáramos muy rápidamente.
Esa noche decidí hacer un safari con los italianos que resultó como el de por la mañana, muy chulo pero pocos animales salvo algún elefante, alguna jineta y algún que otro facoquero.


La empresa tardó tres días en enviarnos ayuda, el tiempo Africano es más lento que el nuestro. Pero además las cosas funcionan de otra manera, cuando llegó el mecánico y un conductor ayudante, nos arreglaron el coche y nos pidieron dinero para poder volver, ya que decían que la empresa les había enviado sin nada.
Condujimos con ellos hasta Itezhi – Tezhi, donde yo le había dicho a Marina que había un supermercado y que ahí podríamos abastecernos. El “supermercado” era para verlo, era como lo del palo y la ramita de Marina, pero esta vez en mi caso. Entramos en la tiendecilla y pudimos comprar unas galletas, unos yogures, creo que algunas salchichas y unos cereales. Acordamos con el conductor y el mecánico darles algo para gasolina, les hicimos firmarnos un recibo y por fin volvimos a emprender viaje como queríamos, solos, con destino, norte de Kafue.

Llegamos a Lufupa Lodge en el norte del parque nacional de Kafue, a orillas del rio Lufupa. El entorno era precioso, nos asignaron un lugar para plantar la tienda, y luego nos fuimos directos a las instalaciones principales donde había un restaurante del que dimos buena cuenta durante nuestra estancia allí, aprovechando las preciosas vistas que nos ofrecía.



Por la noche decidí unirme a un safari organizado por el Lodge, ya que había uno previsto y en el coche aun había sitio. Marina me dijo que lo que quería era hacer fotos y que de noche no se podía, la experiencia fue única. Jinetas, civetas, un puercoespín, una hiena, hipopótamos. El conductor y el guía hacían gala de todo su buen hacer mostrando un gran empeño en descubrirnos lo que queríamos ver, depredadores.
- Silencio por favor, vamos a ver un leopardo y probablemente haya una hembra cerca.


- ¿Qué pasa? – Les pregunté
- Huellas de un león, anoche estuvo paseando por el campamento…


Poco después nos internábamos en un bosque cerrado en el que solo un camino con la anchura del coche permitía abrirse paso y al ir a girar en una curva nos encontramos de golpe con un enorme culo de elefante, frenamos y dimos marcha atrás. Conocíamos el peligro que suponen los elefantes en Zambia, y no queríamos perturbarle, pero después de esperar unos minutos y ver que seguía comiendo plácidamente y no se movía, decidimos mover el coche haciendo un poquito de ruido con las ramas que había acotando el camino y ver si así se sentía molesto y se decidía a moverse.
Desde luego molesto es evidente que se sintió, fue visto y no visto, se dio la vuelta y comenzó a cargar contra nosotros. La impresión fue brutal, ver como un bicho de más de tres metros unos 6 o 7.000 kms de peso y colmillos que casi llegaban al suelo, carga contra ti es una sensación difícil de olvidar.

Inmediatamente dejé de mirarle para fijar mi mirada en los espejos retrovisores y dar marcha atrás lo más rápido que pude mientras Marina gritaba:
-COORE ESCARPIIIIIIN, CORRE ESCARPIIIIIIN!!!!!!
No puedo recordar como fui capaz de maniobrar en la espesura y girar el coche para salir de ahí lo antes posible, fue un buen rato después cuando paré el coche y pude ver que el polvo levantado se disipaba, cuando me tranquilicé, seguro ya de que el elefante había quedado atrás.
Los siguientes objetivos en el viaje eran Mana Pools en Zimbawe y el parque nacional de Bajo Zambeze, pero tuvimos que eliminar nuestra visita a Zimbawe debido al contratiempo que nos había ocasionado el coche, tanto por la falta de seguridad en el mismo, como por los días que nos había hecho perder. El objetivo era claro, llegar al parque nacional de Bajo Zambeze y pasar varios días allí, disfrutando de la abundancia de animales que nos habían comentado que en ese parque se concentraban, quien nos iba a decir que…..



1 comentarios:
Muy buen relato Escarpín y lo del Leopardo impresionante!!!! Con lo difícil que es ver uno.
Cuándo os fuí a recibir al aeropuerto algo me contasteis de vuestro viaje, pero ahora, en tus palabras y con las fotos todo toma otra dimensión...
Carlos-Carlipondio
Publicar un comentario en la entrada